Una reunión muy esperada

Pues sí, he titulado esta entrada como el primer capítulo de «El señor de los anillos» de Tolkien porque estoy seguro que muchos lo desearon. Me refiero a la visita del Príncipe Felipe de Borbón y de Letizia Ortiz a Mula. Por mi parte, me alegro de no haber estado allí. No es que me caigan especialmente mal, ni bien tampoco, aunque me considero, como mucha gente de este país, extrañamente, republicano monárquico, o al menos Juancarlista.

El miércoles (ayer), el diario «La Verdad» se hacía eco de la visita de los príncipes a Mula para inaugurar el museo Cristobal Gabarrón en la Casa Pintada de Mula. Decía que yo no estuve allí, estoy fuera de la ciudad. ¿Y por qué me alegro de estar fuera? Para empezar, no me gusta mucho esa aclamación popular hacia la figura de los príncipes, como si la gente de un pueblo no tuviera otra cosa que hacer más que salir a la calle a gritar. Además, las medidas de seguridad han llegado a un punto de ser ridículas, pidiendo el DNI y haciendo un registro de qué personas vivían en cada casa, etc. Es más, con la falta de agua que hay, limpiaron todas las calles con agua el día antes, cortaron otras calles, etc.

¿Pero qué es esto? Me pregunto yo, ¿no se sentirán algo hastiados de no ver la cara real de España? Debe ser angustioso llegar a cualquier sitio de España y que parezca como que siempre ha estado inmaculado. Un poco triste. Supongo que en eso consistirá también la labor de ser monarca o heredero.

En cuanto a la crónica de «La Verdad», debo reconocer que a primera vista me repudió. No me gusta ver a mi pueblo representado con la gente «menos culta» que vive allí, diciendo vulgaridades sobre su vida cotidiana como si les importaran a alguien. Después pensé un poco, y me dí cuenta de que esto habría sido exactamente igual en cualquier otro punto de España, así que me tranquilicé un poco (a decir verdad, volví al redil de la monotonía de lo conocido). Además, si el archiconocido Cristobal Gabarrón, siempre que le preguntan, dice que es de Mula (de hecho esa fue la semilla que hizo que Juan González contactara con él para hacer que el muse se instalara en la ciudad), también lo puedo decir yo con orgullo.

casa pintada

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