Requiem for a Polaroid

Mi pasión por las cámaras analógicas, también llamadas de carrete, me ha llevado a fijarme un poco más en las cosas que leo sobre el tema de la lenta agonía del analógico. Las conocidas cámaras Polaroid, en todos sus formatos, y que yo sigo utilizando, y que revolucionaron el mundo de la fotografía y así la manera de ver el mundo, se dejan de fabricar el año que viene, 2008. Me ha sobrecogido una foto y el texto que la acompaña, que reproduzco aquí:


Polaroid cameras put pizzazz and spontaneity into any party and make camera geeks out of all of us. In able hands they can produce serious (and seriously beautiful) art. What’s not to like about the Polaroid?


Profit.


So says the Polaroid Corporation as it tolls the death knell of a camera that changed photography and, its corollary, how we see the world. Apparently, the ‘instant film camera’ just isn’t instant enough for the growing numbers of digital users who, in a supposed age of impatience and vaporous attention spans, want to see the world without delay. Of course, those lovely little squares of transparent nitrocellulose polymer film embedded with microscopic crystals of iodoquinine sulphate can seem a little primitive, maybe even wasteful and costly. Whatever its deficiencies, the amazing legacy of the Polaroid camera just wasn’t sufficient justification for its continued production.


Polaroid instant film cameras, the last of their line, are being discontinued in 2008. The other side of disruptive technology is the inevitable fading away, like photographs left in sunlight, of the older gadgets that once brought us joy. They become objects of nostalgia, curiosities whose ever-growing shadow is obscurity and oblivion. It is a somehow sad ending to an iconic camera whose origins reach back beyond World War II to Edwin Herbert Land (1901-91), the American scientist famously obsessed with, and responsible for, the success of Polaroid...




Por último, leo en www.quesabesde.com un reportaje «La cultura audiovisual de hoy es fast-cultura» sobre el fotógrafo Jordi Oliver. Aparte de las magníficas fotos, me ha llamado la atención un trozo de su entrevista:


P: Y casi siempre en analógico. ¿No has hecho nunca reportajes en formato digital?


R: Algo para prensa diaria, pero siempre intento compensar el uso de los dos formatos. Tiro en digital, y después [utilizo] dos o tres carretes de 6 x 6 en la misma historia, para combinar.



P: Es curioso: en vez de prescindir de uno de los dos sistemas, intentas convivir con ambos.


Sí, siempre intento aprovechar lo que cada uno me ofrece. El otro día estaba haciendo un tema sobre el otoño en las escuelas, y después de disparar muchísimo con la cámara digital a los niños para asegurar, cojo el analógico y pienso: "Ahora voy a disfrutar de mis cuadros."


Y siempre me acaban comprando las fotos que he hecho en medio formato. Curioso, ¿no?


Cómo me identifico con estas ideas... Por supuesto a mí nadie me compra fotos, pero refleja el sentimiento de un profesional de la fotografía... Lo verdaderamente triste es que el propio entrevistador diga que «es curioso que mantenga ambos formatos»... Lo dicho, la cultura digital lo está matando todo. Más de 100 años de fotografía, de diseños de cámaras que son verdaderas obras de arte, para que ahora, porque la gente consume fotos digitales como si fueran hamburguesas de McDonnalds, se deje de fabricar o dar soporte al arte que implica el proceso analógico.

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