El pequeño dictador

No, no me refiero al fürercico con bigotito, sino al libro que se presentó los otros días, con el mismo título, y del que se puede leer el primer capítulo en el sitio web de El Corte Inglés. No siendo padre todavía, vi la noticia y se me pasó algo inadvertida.

Pero esta mañana he tenido un ejemplo fehaciente de a lo que los padres se encuentran. Sobre las 8 de la mañana, una vecina mía ha dedicido gritarle a su hija, que gritaba más, que tenía que ir al instituto. Su hija le decía "¡¡Que no voy!!". No lo oía muy bien porque intentaba dormir un poco, pero también le decía algo como "¡¡Me da igual, de todas formas me van a echar porque a primera hora hay laboratorio!!" (No sé exactamente qué quería decir con eso, pero da igual). El caso es que hoy he pensado mucho en esto. Después veo a mi vecina (tanto a la madre como a la hija) y no me puedo quitar de la cabeza la relación que tienen.

Es muy difícil educar a los hijos, y estoy seguro de que, aunque en la mayoría de los casos los padres hacen todo lo que pueden y saben, a veces los hijos salen rebeldes sin razón aparente. En mi generación he conocido a algunos que no estudiaron en su momento, por ejemplo, y que después han hecho una carrera. No estoy diciendo con esto que todo el mundo tenga que estudiar una carrera, pero sí que digo que los jóvenes de ahora, ahora más que nunca, no son conscientes de cuáles son sus alternativas de futuro si no están preparados. En un mundo globalizado, el que no haya estudiado una carrera y domine algún idioma lo tendrá bastente crudo. Si en mi generación fueron unos pocos, en esta que veo van a ser bastantes más.

La pregunta crucial es: ¿qué hace que algunos hijos decidan que no quieren ir más al instituto o escuela? La respuesta inmediata podría ser echar la culpa a los padres, aludiendo a que en algo habrán fallado en la educación de su hijo. Pero esta respuesta a simple vista no parece la más adecuada. Sobre todo porque ser padres es muy difícil, nadie es perfecto y quizá en lo que uno menos piense sea lo que produce que un hijo se convierta en un «pequeño dictador».

Y el caso es que esto no debería ser tan difícil. Es decir, que se supone que los padres, como personas, deberían poder equivocarse sin que esto se convirtiera en un drama familiar. De aquí infiero yo (quizá equivocadamente) que algo ha cambiado desde mi generación. Ahora la gran mayoría de los jóvenes bebe y fuma más de la cuenta (la gente, os lo juro, me mira raro cuando digo que soy abstemio, como si me tuviera que justificar de alguna manera), las fiestas son un desastre medioambiental sin respeto. Véase cómo dejan normalmente los jóvenes los lugares de botelleo, y sin ir más lejos, cómo quedó la zona de la nueva Facultad de Infromática después de las fiestas de Economía y Empresa (creo que fueron esas), pero por poner unas...

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